DEL ARTE ÍNTIMO (o las mentiras piadosas.)
Cuando me dispongo a producir arte, en cualquiera de sus manifestaciones, me enfrento al dilema de desarrollar un proyecto que esté de acuerdo con mis intereses intelectuales y visuales más íntimos, aquellos que me obligan a “sentir” algo especial o realizar lo que “le gusta” a la gente que me rodea cotidianamente; lo que “aceptan” como válido los personajes del mundo del arte, aquellas pinturas, dibujos, videos, etc. que cumplen los requisitos que están determinados por el arte último.
De un momento a otro me encuentro inmerso en una batalla interior en la que tengo que decidir si “puedo” realizar una pieza sin forma ni sentido aparente, que proyecte solamente un impacto visual, sea enorme o nimio, y refleje un sentimiento arraigado en lo más profundo de mi ser interior o si “debo” seguir las pautas impuestas en las universidades, museos y galerías por artistas que, si bien son reconocidos, no siempre comparto su visión desde un punto de vista muchas veces opulento y aburguesado; aquellos artistas acostumbrados al elogio y el aplauso. Realmente son pocos aquellos que llaman poderosamente mi atención con su producción artística y es precisamente aquí en donde comienza la guerra… mis ideales me exigen desarrollar aquello que grita mi interior, pero la presión externa es fuerte y en más de una ocasión termino haciendo lo que menos deseo hacer y no aquello que me plantee un nuevo reto.
Al reflexionar una y otra vez sobre el tema llego a la conclusión de que la pregunta sería de que manera poder fusionar ambas facetas de la producción artística (mentiras piadosas) para satisfacer ambos bandos ¡¡ ya me queda claro que es imposible ¡!
Gustavo Adolfo Sáenz