Del latín luxurĭa, abundancia, extravagancia.
Obscenidad, lascivia, sensualidad, impudicia, voluptuosidad, concupiscencia... y algunas otras ideas acuden a nuestra mente al tratar de explicar este término.
En cualquiera de los casos, la lujuria es un ¿sentimiento? Que ha estado ligado al hombre (y por supuesto la mujer, para que no se diga que soy excluyente; ya se sabe, cosas de nuestros días) desde el momento mismo de su aparición en la faz de la tierra, no me cabe la menor duda y, por supuesto, todas las grandes culturas politeístas poseen su propio dios de la lujuria, a saber:
En la mitología griega existían: Afrodita (amor, lujuria, belleza, reproducción); Dionisos (vino, locura ritual y éxtasis) Eros (atracción sexual, amor, coito, fertilidad);Pan (dios de la sexualidad masculina desenfrenada); en la mitología egipcia Anuket, diosa del Nilo y de la lujuria; De la mitología nórdika vale mencionar a Freyja, quien no era precisamente diosa de la lujuria, pero sí del amor y la fertilidad y era invocada para promover las buena relaciones carnales; de la mitología muisca (Colombia) surge Huitaca, diosa de la hermosura y que predicaba la desobediencia, las borracheras y los placeres carnales; no se puede dejar de mencionar a Kâmadeva, dios hindú del amor, su nombre significa dios del deseo sexual; el conocido libro Kama Sutra, está inspirado en este dios. Lilith (del folcklore judío) es considerada la primera esposa de Adán (anterior a Eva). Abandonó el Edén por iniciativa propia y se instaló junto al mar rojo uniéndose con Asmodeo, que sería su amante, y con otros demonios; la reconocidísima Venus romana, relacionada al amor, la belleza, la fertilidad, la sensualidad y, por supuesto, la lujuria. Por último no debo dejar en el olvido a Tlazoltéotl, quien es, en la mitología mexica, la diosa de la tierra, el sexo y la inmoralidad.
En contradicción a todo este culto, las religiones contemporáneas consideran a la lujuria como una falta muy grave (pecado); para el catolicismo es, incluso, uno de los pecados capitales.
Simón Blackburn, filósofo británico, es autor del libro Lujuria (los siete pecados capitales), donde la lujuria es furtiva, impetuosa, oportunista...
Este libro se propone rescatarla "de las condenas de los viejos de los desiertos, liberarla de los pálidos y envidiosos confesores, terminar con el flagelo y el cilicio de los puritanos, elevarla desde la categoría de pecado a la de virtud".
El mismo Blackburn explica que el filósofo David Hume dijo que “una virtud es cualquier cualidad de la mente útil para la propia persona o para los otros, y la lujuria es una candidata perfectamente válida en este sentido …”