Una extraordinaria obra maestra
Thriller psicológico muy al estilo acostumbrado por Aronofsky; en el que se cuenta la historia de Nina (Natalie Portman), una bailarina de una compañía de danza de Nueva York. El director de la compañía ha decidido reemplazar a la prima ballerina, Beth (Wynona Ryder) para la interpretación del papel principal de “El lago de los cisnes”. Su primera elección –y la más acertada- es, precisamente, Nina, quien es una chica muy talentosa y dedicada, pero también espléndidamente peculiar; Nina es perfecta para el papel del cisne blanco, pero no posee la personalidad y fuerza necesarias para encarnar al cisne negro, a pesar de la vida llena de frustraciones, represiones y tensión contínua que vive, además de las constantes presiones de su madre, quien es una abusiva y controladora bailarina frustrada. A la compañía llega Lily (Mila Kunis), una bailarina de los Ángeles, quien competirá para ocupar el lugar que Beth ha dejado vacío, siendo además perfecta para protagonizar al cisne negro y que, supuestamente, hará lo imposible por arrebatar el papel a Nina. Termina surgiendo entre ellas una amistad-rivalidad un tanto peligrosa, aunada a las presiones del director Thomas Leroy(Vincent Cassel), que van llevando a Nina a explorar su lado oscuro y conduciéndola a las puertas del desequilibrio.
El filme está repleto de emociones, suspenso, sensibilidad, belleza; no le falta ni le sobra absolutamente nada, es una sublime obra maestra de Darren Aronofsky (“Pi, el orden del caos”; “Réquiem por un sueño”, “The fountain”, “The Wrestler”) quien sigue superándose con cada nueva producción y nos deja lugar a dudas de su genialidad. Natalie Portman simplemente soberbia en un papel que parece haber sido hecho a su medida para, por fin, dejar atrás lo que ha hecho en el pasado; Mila Kunis defiende con mucho estilo a Lily; no puedo, por supuesto dejar fuera a Bárbara Hershey (Erica, la madre dominante) quien está espléndida en su papel de mujer incompleta, artista frustrada y madre acusadora, represiva… ni a una breve, pero emotiva Wynona Ryder.
Con un final previsible, pero no por eso menos intenso, emotivo, repleto de sensibilidad, belleza y emociones encontradas,Aronofsky nos lleva de la mano en un viaje exploratorio a la psique de Nina y lo logra con una intensidad tal que no se puede evitar un flujo de emociones contradictorias que vienen y van a cada instante. El vertiginoso movimiento de cámaras, el excelente trabajo de fotografía, el exquisito acompañamiento musical y una perfecta dirección convierten a Black Swan en un filme valioso tan impactante y avasallador como Pi, el orden del caos (opera prima de Aronofsky). Recomiendo ampliamente la experiencia de <
Darren Aronofsky es, sin lugar a dudas y sin el artificio publicitario de otros directores que no tienen ni la mitad de su talento y, sin embargo actúan como si fueran la última coca del desierto, uno de los directores de mayor influencia en el cine contemporáneo. Sabe como manejar con maestría sus películas e involucrar al espectador hasta el punto de sentirse dentro del filme e identificarse plenamente con alguno de los personajes, al punto de “sentir” lo que está experimentando.
Gustavo Sáenz