En las últimas semanas me he venido preguntando constantemente hasta donde debe uno de ser respetuoso, tolerante y paciente... mi respuesta inmediata es "siempre", pero también me he dado cuenta de que eso es una verdadera utopía; cuando uno respeta, por lo general recibe a cambio respeto, pero cuando de tolerancia se trata la cosa cambia... si nos mostramos tolerantes en situaciones en las que pocas personas lo son, en lugar de ganar respeto, lo toman a uno de "pendejo" (esta última es una palabra que yo no uso, la evito al máximo, considero que es un adjetivo demasiado fuerte como para decirlo a la ligera y critico su uso indiscriminado, pero creo que ahora aplica)...
Presumo de ser un hombre respetuoso... no así tolerante ni paciente, aunque siempre me esfuerzo en parecerlo, sin embargo he tenido que hacer un esfuerzo mayor por tolerar situaciones que verdaderamente me sacan de quicio porque me afectan directamente, he sido muy, muy paciente, tolerante y respetuoso, pero esto se sale de control cada día más; he llegado al punto en que NO PUEDO ya seguir permitiendo actitudes que me dañan; si sigo así voy a convertirme en un imbécil sin carácter y eso va contra mi naturaleza...
Me considero un buen esposo, un gran amigo, sé de cierto que soy un excelente padre y como hijo no se me puede hacer reproche... sin embargo solo soy un hombre y mi paciencia tiene límites.
Sé también, por experiencia y por convicción, que en la vida nada es gratis... pero hay precios demasiado altos...
Lo que no sé, y quisiera saber, ¿es hasta cuanto debe uno considerar pagar; como saber cuando la balanza se está inclinando demasiado del lado negativo, como parar antes de que la última gota derrame el vaso?...
Yo creo que es la vida, y no la muerte, la que no tiene límites... y estoy convencido de que, precisamente por eso, hay que hacer de la propia vida un paraíso y pasar de largo de la puerta del infierno, esto a cada uno nos corresponde lograrlo o no... pero como pasar de lado de las "personas" que nos fabrican infiernos diarios, como evitar que nos contagien su amargura y sus culpas,nos dañen con sus frustraciones y su envidia, su perversión y su perversidad... con optimismo, buena voluntad y una barrera a prueba de fuego, me digo a mi mismo... pero a veces no tengo fuerza para eso...
Quiero poder trabajar a gusto, seguir forjando el futuro de mi hijo con toda mi fuerza, sin que me estén minando la tranquilidad.
... otra utopía...
No hay comentarios:
Publicar un comentario