LA FORTALEZA EN LOS TIEMPOS DEL FRACASO
¿Porqué le tenemos tanto miedo al fracaso? ¿Porque en realidad es una muestra de incapacidad o porque el fracaso no nos sirve para aparentar ante los demás y creer que somos “mejores” que el resto de las personas? No nos arriesgamos a arriesgar, solo buscamos lo seguro… “mientras más seguro más marrao”
Se tiene que correr el riesgo, porque el mayor peligro de la vida es no arriesgar nada. La persona que no arriesga nada no hace nada, no tiene nada y no es nada.
Hay ciertas tormentas en la vida de toda persona que contribuyen a que su actitud se estrelle, estas tormentas son predominantemente internas, no externas. Son parte de nosotros y deben ser tratadas constructivamente para que traigan paz y produzcan una actitud sana, si no son tratadas de este modo, solo traerán consecuencias desagradables.
EL TEMOR AL FRACASO.
Una de las más frecuentes tormentas internas es: el temor al fracaso.
Todos, en algún momento, hemos tenido muchas maneras de enfrentarnos con eso. Algunas personas son tan determinantes que dicen: “Si no tienes éxito la primera vez, destruye toda evidencia de que lo intentaste”
Resultado = Fracaso: Lo escondemos, lo negamos, lo tememos, lo desconocemos y lo odiamos.
Hacemos todo, menos aceptarlo; y por aceptación no estoy sugiriendo resignación ni mucho menos apatía… quiero decir entendimiento de que el fracaso es un paso necesario hacia el éxito. El hombre que nunca cometió una equivocación nunca hizo nada.
Si me detengo a pensar en la vida de los grandes hombres, puedo ver que una realidad constante en todos ellos es que experimentaron fracasos. En efecto, la mayoría de ellos comenzaron “siendo fracasados”.
Cuando el gran pianista polaco Ignace Paderewsky decidió estudiar piano, su profesor de música le dijo que sus manos eran demasiado pequeñas para dominar el teclado.
Cuando el tenor italiano Enrico Caruso presentó su solicitud para aprender el belle canto, el maestro le dijo que su voz sonaba como el viento que silbaba por la ventana !!
El basquetbolista Michael Jordan, recibió grandes críticas de su maestro de educación física en la secundaria debido a su “torpeza” para los deportes.
(conclusión: los maestros no siempre saben lo que dicen)
Cuando el gran estadista de la Inglaterra victoriana, Benjamín Disraeli intentó hablar en el Parlamento por primera vez, los parlamentarios le pidieron que se sentara y se rieron cuando dijo: «Aunque ahora me siente, vendrá el tiempo en el que me oirán».
Henry Ford olvidó poner una marcha de reversa en su primer carro.
Thomas Edison gastó dos millones de dólares en una invención que demostró ser de poco valor.
Rodrigo Borgia (Alejandro VI), tuvo infinidad de equivocaciones, desaciertos y fracasos, pero eso no le impidió llegar a ser quien fue, ni obtener los logros que hicieron célebre su vida.
Y la lista podría continuar y continuar… muy pocos lo hicieron bien la primera vez.
Fracasos, repetidos fracasos, son la huellas que hay en el camino hacia el éxito. La vida de Abraham Lincoln demostró que la única vez en que no se fracasa es cuando se intenta algo y da resultado. Podemos y debemos “caer” e irnos de bruces hacia el éxito.
Quedarse en la zona de confort en la que no existe riesgo de equivocarse, seguir en el trabajo aburrido, falto de nuevos retos y que no tiene posibilidad de crecimiento solamente porque es “seguro” no es sinónimo de éxito, sino de conformismo y falta de valor y fortaleza para crecer.
Aceptar el fracaso en el sentido positivo, es algo efectivo cuando creemos que el derecho a fracasar es tan importante como el derecho a triunfar. La mayoría de las personas rara vez valoran su buena salud, hasta que se enferman. Las hay aún más que notan inmediatamente las equivocaciones y omisiones de los demás, lo que las otras personas no hacen o hacen mal; pero jamás hacen algún comentario respecto de lo bien que resultó el trabajo de una persona cercana, no dan una felicitación por la labor diaria, que reporta tanto éxito como el más sonado.
El experimentar los problemas nos da un gozo más grande en nuestro progreso si aceptamos el fracaso como un proceso importante para llegar a nuestra meta. Es imposible triunfar sin sufrir tropiezos; si tienes éxito y no has sufrido, es que alguien ha sufrido por ti; y si estás sufriendo sin tener éxito, tal vez alguien está teniendo éxito por ti… pero no hay éxito sin sufrimiento, eso es una verdad Universal.
Las personas que sienten una gran envidia por los logros, los éxitos y aún los fracasos de los demás es porque no se atreven a correr el riesgo, quieren seguir en su zona de confort y que todo les sea obsequiado, no sufrir, no luchar, no trabajar… el resultado es una persona frustrada, reprimida, envidiosa, insidiosa y que, además, de todos modos sufre, pues no tiene lo que tanto anhela y no se siente capacitado para luchar por ello porque prefiere mantener su imagen de estrella del firmamento que permitir que los demás le vean tropezar… decide guardar las apariencias y vivir para demostrar a los demás aquello que en realidad no es.
Un buen número de personas solamente se preocupa por sobrevivir y conservar el status quo, defienden una reputación que reprime el progreso y llega a ser autolimitante. Sería interesante que día con día esas personas se repitieran a sí mismas “No tengo que sobrevivir solamente”.
Es más importante ocuparse de vivir, que preocuparse por sobrevivir; el síndrome de supervivencia debería ser algo ajeno a la vida de todos.
Sería importante que de vez en cuando nos olvidáramos de nuestros derechos, pero recordáramos siempre nuestras responsabilidades, olvidáramos las inconveniencias, pero recordáramos las bendiciones, no diéramos tanta importancia a los propios logros y sí un poco a nuestra deuda con los seres queridos, olvidarnos de la grandeza obsequiada y luchar por dejar de sobrevivir.
Corre el riesgo, trepa y súbete a la rama donde está el fruto… no importa si caes muchas veces en el intento, es mucho mejor que quedarse abrazado del tronco del árbol a esperar que la fruta caiga sola… hay quien hace de esa su filosofía personal y todavía se preguntan porqué no reciben el fruto de la vida… y, de hecho, esas personas, muchas de ellas, terminan perdiendo no solamente la oportunidad de superarse a sí mismas, no solo la felicidad que conlleva aceptar el reto; sino, incluso, la vida misma.
Muchos líderes potenciales nunca lo logran porque se quedan atrás y dejan que otro corra el riesgo. Muchos receptores potenciales nunca recibieron nada porque no dieron un paso fuera de la multitud y lo pidieron. Si no tienes es porque no pides y porque no das un paso para ir en su búsqueda y en realidad muchas personas no piden ni buscan porque tienen miedo al rechazo y al fracaso, por eso no corren el riesgo.
Es mucho mejor ser criticado y señalado por seguir intentando algo en lo que no se ha logrado destacar, que ser admirado por no tener fracasos en tu historia de vida… porque puede ser que una persona no tenga fracasos, pero si vemos más allá nos daremos cuenta que en realidad lo que no hay son intentos, no existen aspiraciones, lo que no tiene es espíritu guerrero, lo que no jamás será es, precisamente, héroe; en el fondo se trata de una persona conformista, miedosa, falta de carácter y de espíritu de lucha.
Prefiero un millón de veces tratar con personas que han fracasado en muchas ocasiones -signo de que luchan por superarse- que con las que no se tropiezan en la vida, porque éstos últimos no son dignos de mi admiración.
En lo personal, he sido dura y constantemente criticado por lo que no soy, por lo que no he logrado, por lo que no tengo, por lo que no aparento ser ni tener… incluso he sido juzgado por seguir intentando, por caer una y otra vez en el fracaso y aún así “tener la ilusión”.
Esas críticas y juicios ligeros no han logrado detenerme en mi marcha, sigo y seguiré fracasando todos los días hasta que cada uno de esos fracasos se vaya convirtiendo en éxito; pues siempre ocurre de esa manera, si se lucha, se gana; si se siembra, se cosecha… yo no creo que haya nada en la vida que deba ser gratis, ni siquiera el amor debe ser obsequiado, este, como el respeto, se ganan y con mucho esfuerzo.
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