Julio Cortázar
Historias de Cronopios y de Famas
PREÁMBULO A LAS INSTRUCCIONES PARA DAR CUERDA AL RELOJ
Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan —no lo saben, lo terrible es que no lo saben—, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia a comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.
3 comentarios:
...y en mi reloj, ya pasaron horas y días, y no he sabido de ti...
te mando muchos abrazos esperando estés muy bien!
M.Ortega...
Querido amigo no tengo noticias tuyas y me preocupas, por favor avísame dónde y cómo estás. Un beso
Mauricio:
Gracias por tus palabras, tu arte, tu paso... tu existir.
Ya casi de vuelta, solo algunos ajustes más.
Segunda noche en la cabaña.
Un abrazo
Liz:
Ya tuvimos oportunidad de entrar en contacto.
Un beso.
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